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luz.

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Voy esquivando la lista de propósitos como puedo y parezco empeñada en establecer mi zona de confort en el lado oscuro. Pero nunca me quedo a dormir ahí y ya estoy poniendo las luces de Navidad. Nuevos proyectos, unos cuantos vértigos y alguna que otra zancadilla. No soy mujer de podiums; demasiado altos para mí. No tengo prisa y vi a demasiada gente ahogarse con medallas. Un ‘gracias por participar’ ya me parece suficiente regalo.

Qué importante es la luz;
la nuestra y la de los demás.

Qué importante es cuidarla;
la nuestra y la de los demás.

nos oirán reír.

La gente con esa facilidad de culpabilizar hacia afuera y yo con esta horrible manía de hacerlo hacia adentro. Sentirse pequeñita es darle demasiada ventaja al invierno, y aun así, a veces, cuesta.

Son sus reglas, sus listones y mis hostias. Nos obligaron a ser perfectas, como si ese fuese un sitio habitable. Como si respirar fuera posible con tantos títulos, metas y medidas. Pararemos y bailaremos. Nos oirán reír. Pronto. 💜

un poco más mía.

 

Tengo una casa mágica. Tiene un piano, dos cuadros y un piso de arriba donde voy cuando juego al escondite conmigo. En un cuadro pone ‘poesía’; en el otro, ‘por la vida, mi amor, por la vida’. Lo que pasa aquí es en blanco y negro y tiene cientos de luces pequeñitas. Como yo. A veces.
Dejar entrar, dejo entrar poco y casi siempre se tropiezan en la puerta. Todos los días necesito salir y a cada rato estoy deseando volver. No es la casa más ordenada del mundo, pero es en donde mejor suena la música. Las estanterías cada vez están más llenas de libros, ya tengo rincón preferido y los marcos para las fotos están preparados para rellenar. El tendedero siempre anda por medio y no, aquí tampoco me duermo pronto. Siempre hay leche, mermelada, cerveza y propaganda de comida para llevar. El patio es el sitio más verde y con más paz de todo Madrid, y los gatos del barrio se vienen a leer conmigo cada tarde. A veces, hasta me saluda algún vecino.

Lo cierto es que,
por mucho que os cuente,
no os hacéis ni una idea.

Y eso es lo mejor,
porque así es un poco más mía
y un poco menos de todos los demás.

huyo del berrinche.

Huyo de escribir. Me cuesta entender por qué hay gente que lo busca. Supongo que por el después. Por los nudos desatados y los pulmones hinchados. Por todas esas cosas que ahora ni recuerdo.
No quiero escribir.
Huyo del berrinche.