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no sé cómo lo hago.

A veces tengo crisis existenciales que suelen coincidir con domingos por la tarde y acabar con botes de nocilla. Entonces recuerdo que quiero comer más sano, hacer más deporte y cuidar más el planeta. Todo esto lo digo tumbada en el sofá, viendo en la tele no sé ni qué y teniendo bastante claro que mañana no empezaré mi vida nueva. Que esta noche dormiré otra vez mal y mañana volveré a no madrugar. Que nadie vendrá a darme la manita para acompañarme a mejorar y que a partir de las 12 ya no se puede ir pisando fuerte. Pero nunca se sabe, y yo ya tengo los planes hechos. Quizá mañana madrugue y sea capaz de llevar a cabo toda mi lista de ‘quereres’. Yo, para empezar, me voy a meter en la cama como en la noche de reyes, como cada domingo, intrigada por si mi lunes viene con sorpresa. Porque oye, igual voy lenta y torpe, igual me paro en demasiados escaparates pero al final, no sé cómo lo hago, siempre acabo llegando.

mientras tú existas.

“Mientras tú existas,
mientras mi mirada
te busque más allá de las colinas,
mientras nada
me llene el corazón,
si no es tu imagen, y haya
una remota posibilidad de que estés viva
en algún sitio, iluminada
por una luz—cualquiera…
Mientras
yo presienta que eres y te llamas
así, con ese nombre tuyo
tan pequeño,
seguiré como ahora, amada
mía,
transido de distancia,
bajo ese amor que crece y no se muere,
bajo ese amor que sigue y nunca acaba”

– Ángel González –

día mundial de la poesía

 

Hoy estoy eufórica. Por muchas cosas: porque ya es primavera y tengo una excusa para mi sangre revolucionaria, porque mi padre baja corriendo al kiosko para mandarme esta foto, porque hoy hay poesía por todas partes, porque la gente se pone contenta por mí, mientras yo me tomo un café a cámara lenta como si la cosa no fuese conmigo, porque me da la risa, porque Spotify me tiene calada, porque esta familia nueva sonríe mucho, porque cuando ordeno una cosa desordeno tres y nadie se queja cuando subo el volumen. Porque estás aunque no estés y con eso me vale.

Artículo de El País Cultura

hasta aquí.

 

A veces me enfado con este mundo egoísta que tenemos, subo el volumen y mando a la mierda. Así, en bajito, no les vaya a molestar. Me tatúo que ‘hasta aquí’ y decido firmemente que voy a mirar sólo para dentro, que el cuidar se va a acabar y que me cambio de bando. Tres paradas de metro después, sólo estoy deseando que mañana, por favor, se me pase.

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