caterpillar

“La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz languida y adormilada.

–¿Quién eres tú? –dijo la Oruga.
No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:
–Apenas sé, señora, lo que soy en este momento… Si sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.
–¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la Oruga con severidad–. ¡A ver si te aclaras contigo misma!
–Temo que no puedo aclarar nada conmigo misma, señora –dijo Alicia–, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.
–No veo nada –protesto la Oruga.
–Temo que no podré explicarlo con más claridad –insistió Alicia con voz amable–, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante”.

Las aventuras de Alicia
en el País de las Maravillas
Lewis Caroll

Lo que sí sé

Nací en una isla y no sé nadar. He vivido en tres ciudades, nueve hogares y alguna casa. Me he enamorado una vez. He bajado corriendo de un tren en llamas y he visto explotar una bomba; así aprendí que la luz va antes que el ruido ensordecedor. Tengo incontinencia sentiverbal. No creo en las cosas que duran para siempre. O sí, no lo sé. Las fresas, con leche condensada. Cada cierto tiempo necesito cambiar cosas de sitio, ya sean muebles, personas, o toda mi vida. Si no viajo, no puedo respirar. Me pierdo en cualquier atardecer, a ser posible con mar. Prequiero demasiado rápido y desquiero demasiado lento, pero cuando paso página, no hay marcha atrás. No sé hacerme la dura, ni lo pretendo; hay cosas para las que no valgo. Mi familia es mi vida aunque no la cuide lo suficiente. Mis padres son mis pulmones, mis piernas y cualquier órgano vital que tenga. Sin ellos, no. Locuras por amor, las que sean. Mido en tiempo en medias cervezas y no hago planes a más de cerveza y media. No recuerdo la última vez que me dormí pronto. Mejor no me mientas. Sabina siempre ha estado ahí. Soy extremadamente respetuosa, y no tengo claro si es una cualidad. Lloro en las manifestaciones cuando oigo a Labordeta. Te necesito cerca, pero no encima. Soy una mimosa independiente. Gata. A veces necesito aire; otras, perderme. Siempre voy con el más débil. No imagino un mundo sin queso, ni chocolate. Me paso el día embotellando momentos. Casi siempre es mejor dar que recibir y no estoy hablando de sexo; no sólo de sexo. Atea. La reina de mi casa es una gata coja que no para de ronronear. Nunca discuto y soy incapaz de irme a la cama enfadada con alguien que me importa. Antes me costaba mucho decidirlo todo, ahora no le doy vueltas a casi nada. La empatía debería mover el mundo, no sólo el mío. Confío en la gente pero no me confío a cualquiera.

Si has leído hasta aquí, te puedes quedar.