tu lado del sofá.

«Tu lado del sofá es una despedida.
Son los pedazos que no me atreví a rescatar del naufragio.
Es un duelo a vida contra el espejo.

Un sentirme nosotras.

Es ser casa, canción de domingo y paz.
Un cuarto creciente a medio tempo.
Es aprender a echar de menos sin que duela.
Son todas esas veces que dejé de hacer
por miedo a perder.

Tu lado del sofá es recuperar —por fin—
el metro sesenta desde el que partí».

 

Reconozco que estoy muerta de miedo. La primera vez me desnudé sin ser consciente de que iba a hacerlo. En esta ocasión sé que hay alguien al otro lado del agujerito en la pared y es increíble el vértigo que da. A veces me pregunto si no sería más fácil dejar lo que escribo escondido en el cajón de la mesilla, donde nadie pueda romperlo. Luego os leo, me acuerdo de todas las cosas flipantes que me pasan y entiendo que merece la pena el riesgo.

#TuLadoDelSofá, en noviembre, si queréis.
Ay.

os debo un baile.

“Ojalá te vieras con nuestros ojos”. Últimamente oigo mucho esa frase…y desde mis distintos mundos. Estoy tan segura de que lo dicen de verdad que hasta pica pensar que me ven andando sólo de de puntillas. Hay mucha gente orgullosa de mí, lo noto. Les debo un baile. A mi gente. Qué gente. ?

viva Makeni.

El otro día nos juntamos unos cuantos en un evento benéfico para ayudar a los proyectos geniales que Viva Makeni está preparando en Sierra Leona. Yo no sé lo que pasó ahí arriba, pero muchas gracias por hacer que pasara. Las ganas de cambiar las cosas, que se contagian. Enormes mis compañeros de velada: Mikel IzalAlberto PérezColectivo PanameraRoscoMariliaIsmael Romero y Rayden.

resulta que soy fuerte.

Me he pasado media vida muerta de miedo por si perdía cosas que ahora ya ni recuerdo. He dudado tanto, que aunque acertara, no era capaz de disfrutar.

De corteza insegura, me creí débil, pequeña y reemplazable. Por no pisar a nadie, nunca me atreví a bailar.

Escribo esto en orgulloso pasado complejo. Una mañana cualquiera, cambié las margaritas por el cara o cruz y me abrí en canal.

Resulta que soy fuerte.
Seguramente igual que antes,
solo que ahora
sí que lo sé.

puñetera.

Al final, las cosas se van poniendo en su sitio…mientras otras se descolocan, claro. No debe haber espacio para todas en el lado bueno. Cuestión de balanzas, supongo. O de equilibrio. Como en ese juego en el que hay que encajar todas las bolitas en sus huecos. En el último movimiento, siempre hay alguna que se va de paseo. Puñetera.